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Zuckerberg, un estudiante austríaco, el tribunal europeo y la protección de datos

En esta nube de “tags” que hoy hemos puesto por título nos falta un nombre propio, el protagonista e instigador de esta noticia, que acaba de fulminar un tratado que Europa y E.E.U.U. habían mantenido vigente nada menos que 15 años, el Safe Harbour, sobre la libre transmisión de datos personales desde el viejo continente al otro lado del charco.

Se llama Maximillian Schrems y es un estudiante de derecho austríaco que creó la organización “Europa contra Facebook” y se querelló contra la red social por considerar que sus datos personales no estaban lo suficientemente protegidos en Estados Unidos. La denuncia fue presentada ante la autoridad irlandesa de datos por considerar ilegal que Facebook transfiriera sus datos, desde su filial ubicada en Irlanda, hasta EEUU.

El fallo, publicado la mañana del pasado 6 de octubre, habilita a las agencias nacionales de protección de datos para que frenen las transferencias de datos de ciudadanos europeos a terceros países (incluido EE UU) si consideran que la empresa, o territorio, a la que se destinan no es fiable.

Y es que la figura de Edward Snowden es alargada; Schrems entendía que Facebook no garantizaba la seguridad de sus datos, después del escándalo de espionaje de la NSA, cuando Snowden, ahora asilado en Moscú pero conectado al mundo desde su recientemente creada cuenta de Twitter, reveló que los servicios de inteligencia estadounidenses tenían acceso a los datos de la compañía. La Corte irlandesa remitió una consulta al Tribunal europeo que ha fallado recientemente en favor de Schrems.

La medida podría afectar a más de 4.500 compañías estadounidenses que operan en Europa y transfieren datos de sus usuarios desde una ubicación a otra: no sólo Facebook, sino también otros gigantes como Google o Amazon podrían tener que replantearse la política de protección (y transmisión) de datos de sus clientes, al menos en lo que atañe al viejo continente.

En palabras del protagonista iniciático de esta pequeña revolución: “Esta decisión es un gran golpe para la vigilancia global estadounidense que se basa fundamentalmente en sus socios privados”, declaró hoy Schrems, quien consideró que allanará el camino para otras medidas legales. “El fallo deja claro que las empresas estadounidenses no pueden sencillamente ayudar en el espionaje estadounidense violando los derechos fundamentales europeos”, sentenció.

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